Desde que el lobo, de la mano del Doctor Rodríguez de la Fuente, protagonizara los grandes documentales sobre la fauna ibérica. Premios internacionales colocaban al carnívoro español en posición de competir con los documentales sobre los leones africanos o los osos de Alaska. La gran labor conservacionista del Doctor Rodríguez de la Fuente ayudó sin ninguna duda a que la visión popular del lobo diera un giro de 180 grados hacia su protección.

Lazos de familia

No es exactamente una historia de amor, pero casi. Los lazos de esta familia con los lobos que han criado durante años son tan estrechos, que sus miembros han sido aceptados como parte de la manada, y viceversa. Esta es la historia de Carlos y de sus hijos Blanca y Miguel, una vida consagrada a estos animales que demuestra que el lobo no siempre es el malo del cuento, sino un amigo con el que aullar a la luna llena.

Tras una estrecha convivencia de más de veinticinco años con los lobos, y atendiendo la amable sugerencia del director de Natura, quisiera aprovechar la oportunidad que me brinda esta prestigiosa revista para continuar la labor que hace ya tres décadas inició mi maestro y "Amigo Félix", colaborando en la desmitificación del "Amigo Lobo" con la divulgación de ciertas experiencias personales que, probablemente, a muchas personas les podrán parecer increíbles.

Quisiera señalar, no obstante, que no he sido el primero en vivir la apasionante experiencia de formar parte de una
Carlos con Chispa y lobeznos
 manada de lobos, ni soy el único biólogo que actualmente se dedica a estudiar, fotografiar o filmar la vida íntima de estos hermosos e inteligentes animales. Simplemente, y por mi participación en la mayor parte de los documentales sobre la naturaleza ibérica en que los lobos han tenido algún protagonismo cinematográfico, he tenido la oportunidad de convivir con casi un centenar de ejemplares a lo largo de todos estos años, habiendo criado a muchos de ellos desde sus primeros días de vida para acostumbrarlos a la presencia de las personas y de las cámaras.

||UNA MATRONA IMPROVISADA||

En ocasiones he sido privilegiado testigo del nacimiento de los lobeznos, habiendo compartido con sus progenitores los prolegómenos del parto y el impactante milagro del alumbramiento. A veces he desempañado el papel de "comadrona" y me he turnado con la loba en la crianza de los cachorros, para que éstos se acostumbraran a mi voz y a mi olor nada más nacer, y para que me reconocieran como a "papá lobo" en el momento en que abrieran sus ojos. Y durante los últimos años también mis hijos, Miguel y Blanca, me han ayudado a criar las últimas camadas lobunas, y ellos mismos se han criado jugando con los lobos.

Como protagonistas reales de "El Libro de la Selva", mis hijos han sido aceptados plenamente por las diferentes manadas de lobos ibéricos que he criado desde que ellos nacieron, y que forman parte de nuestra familia.

Animales tremendamente sociales y con un estricto orden jerárquico en cada manada, todos estos lobos me consideran como líder indiscutible (liderazgo que, no obstante, debo reafirmar continuamente, y especialmente durante la época de celo), y han adoptado a los niños como si fueran de su propio clan, respetándolos en todo momento, tratándoles con admirable delicadeza y permitiéndoles compartir, incluso, sus momentos más íntimos.

Miguel y Blanca con dos lobatos

De hecho, muy pocos niños podrán contar a sus compañeros de clase que han estado aullando con una manada de lobos en noches de luna llena, que juegan habitualmente con un grupo de hasta siete ejemplares con plena confianza en ellos, o que han penetrado en el interior de una lobera y han acariciado suavemente a unos lobeznos que están siendo amamantados por su madre, con la increíble complacencia de ésta... y que incluso ha llegado a despegarlos literalmente de sus pezones. Obviamente, unos lobeznos como éstos, que entran en contacto con las personas nada más nacer, y que son bien alimentados y cuidados afectuosamente por sus "padres adoptivos" (a los que ellos han visto desde el primer momento en que han abierto los ojos), los reconocen y aceptan como si fueran de su propia familia. Estos lobos, "troquelados" mediante un proceso de impregnación psíquica que los etólogos llaman "imprinting", permiten integrarse en sus clanes a las personas que los han criado, respetándolas como investidas del máximo rango jerárquico, como miembros dominantes de la manada. Tal vez lleguen a pensar que los humanos son un poco lobos, o que ellos mismos son un poco personas, pero en cualquier caso se crea una maravillosa relación de complicidad que rompe muchos tópicos sobre el mítico depredador.

Personalmente debo decir que los lobos me han permitido compartir con ellos muchos de los momentos más felices e inolvidables de mi vida, algunos de gran intimidad, y, frecuentemente, en compañía de mis seres más queridos.

Aunque también debo reconocer que en ocasiones he sentido profundamente la pérdida de algunos ejemplares con los que me había encariñado de forma especial. En el transcurso de estos años he sido testigo de una larga serie de situaciones, y he tenido el privilegio de experimentar personalmente aquel proceso de confluencia y aproximación entre el lobo y el hombre que, con seguridad, tuvo lugar en algún momento del Paleolítico, cuando nuestros antepasados firmaron un pacto de convivencia con los ancestros de los cánidos domésticos; cuando el Homo sapiensconsiguió criar y mantener a la primera camada de Canis lupus junto al fuego de sus cavernas, y tras varias generaciones de convivencia en pacífica armonía y mutua colaboración se dio cuenta de que tenía a su vera un gran aliado para la caza y un fiel compañero, el Canis familiaris, "el mejor amigo del hombre".

||BAILANDO CON LOBOS||

Con los lobos que he podido criar he trepado por riscos y montañas, me he bañado en arroyos y embalses, he 
Carlos Sanz jugando con los lobos
retozado en la hierba y en la nieve, he participado en sus cacerías, he intervenido en sus enfrentamientos jerárquicos (interponiéndome a veces con cierta insensatez entre los enfurecidos rivales), he descansado con ellos junto al fuego, he dormido en el interior de sus parideras, he sido testigo de sus amoríos y de sus nacimientos, he disfrutado de sus juegos infantiles,... y he "bailado con lobos", literalmente.

Aunque sin duda los momentos más emocionantes y ensoñadores que he compartido con ellos,y en los que me he sentido ciertamente como un auténtico "hombre-lobo", han tenido lugar en noches estrelladas. Cuando me han permitido participar, como uno más de la manada, en ese exclusivo y estremecedor coro de aullidos que, en determinadas circunstancias, lanzan al cielo para comunicarse acústicamente con otros congéneres. Un canto melancólico y profundo que, probablemente, constituya la más hermosa composición musical que puede escucharse en la naturaleza. Y, francamente, me considero un humano muy afortunado al poder aullar con los lobos con cierta frecuencia en una especie de rito mágico y casi sobrenatural que, a veces, está presidido por la luna llena o por la luna nueva, y que en la inolvidable velada del 31 de marzo de 1997 tuvo como excepcional testigo estelas al cometa Hale Bopp.

Los lobos, por otra parte, y en contra de lo que muchas veces se dice sobre ellos, no matan jamás por el "placer de matar", y únicamente lo hacen para defender su territorio, su integridad física o la de su familia, o bien para comer. Y aunque su instinto cazador siempre va en su sangre, si están bien alimentados y se les acostumbra desde pequeños, me han demostrado en diversas ocasiones que pueden convivir perfectamente, en pacífica armonía, con otros animales teóricamente incompatibles e irreconciliables, como jabalíes y perros mastines.

||UNA FAMA INJUSTIFICADA||

Carlos con INTI

Al narrar estos atípicos acontecimientos, que pueden resultar un tanto asombrosos para algunas personas, no pretendo en absoluto animar a nadie a que críe lobos. Pues éstos donde deben estar es en libertad, desempeñando el importante papel que les corresponde en el equilibrio biológico de los ecosistemas naturales. Pero ya que por motivos profesionales he tenido la oportunidad de estudiar el comportamiento de estos animales en condiciones de semilibertad, y poco a poco me han permitido a mí y a mi familia integrarnos dentro de su compleja y jerarquizada comunidad, quisiera aprovechar nuestra extraordinaria y poco común experiencia para romper de una vez por todas el falso mito del "lobo feroz", del devorador de personas, de la sanguinaria alimaña que mata por el simple placer de matar... pues a pesar de su fuerza y tamaño, el lobo muy rara vez atacará a las personas, y tan sólo lo hará en circunstancias excepcionales. Y desde luego es absurdo, injustificado e irracional el miedo atávico que a este animal se le tiene en ciertas zonas rurales de nuestra geografía, en donde con sólo nombrarlo se les ponen "los pelos de punta" a muchos campesinos temerosos y mal informados, acostumbrados a escuchar desde niños historias terribles y truculentas sobre estos cánidos, casi siempre carentes de fundamento.

Otra cosa es el temor real e instintivo que sí deben tener los ganados ante la presencia de este gran cazador. Pues cuando las presas silvestres no existen o escasean, los lobos no dudan en atacar a las ovejas, cabras, potros o terneros para alimentarse con su carne y poder subsistir. Ignorantes de que estas presas "torpes y facilonas" son mimadas especialmente por el cazador humano, y de que éste las considera "suyas" desde que se hizo sedentario, allá por el Neolítico, los lobos han atacado frecuentemente los intereses ganaderos del hombre, e indefectiblemente han obtenido la misma respuesta: una lucha sin cuartel, una especie de "guerra santa" que todavía hoy perdura, y cuyo último objetivo ha sido históricamente la completa extinción de la especie por todos los medios posibles. Objetivo que alcanzaron plenamente en la mayor parte de los países "civilizados" de Europa occidental en los últimos tiempos, pero que afortunadamente para nuestros lobos ibéricos no consiguieron todas las artimañas empleadas secularmente contra ellos en España y Portugal.

||MEDIDAS DE CONSERVACIÓN||

Ya que han conseguido sobrevivir hasta nuestros días "contra viento y marea" y puesto que, afortunadamente, la 
Lobo en el agua
cultura conservacionista en nuestro país ha evolucionado muy positivamente en los últimos años, aún estamos a tiempo de adoptar todas las medidas que se consideren necesarias para garantizar que nuestros lobos no desaparezcan jamás. Y para ello se hace imprescindible lograr un consenso amplio y coordinado entre todos los colectivos interesados de una u otra forma en el lobo: administraciones central y autonómicas, investigadores, ecologistas, cazadores, ganaderos y medios de comunicación, principalmente.

Ciertamente, el lobo es uno de los pocos competidores que el hombre tiene en la naturaleza, y en ocasiones puede afectar seriamente a sus intereses económicos, aunque sea "de forma involuntaria". Y en tales circunstancias los daños causados deben resarcirse con prontitud y generosidad a los ganaderos afectados, por parte de las administraciones competentes en materia medioambiental, pues las modestas economías rurales no tienen por qué pagar los costes de conservación de una especie que es patrimonio natural e irrenunciable de todos. Los ganaderos, por su parte, deben hacer todo lo posible para proteger sus ganados de los posibles ataques de los lobos, cuidándolos durante el día con pastores y guardándolos por la noche en cercados o apriscos adecuados. Y en cualquier caso deben asumir que su ganado es un bien valioso, del que no pueden despreocupares dejándolo pastar libremente en el monte sin ninguna protección, y es conveniente que lo aseguren ante la eventualidad de cualquier percance, incluido un posible ataque de lobos o de perros asilvestrados.

||RESPETAR LAS REGLAS||

Precisamente son la prevención y la compensación las líneas generales en las que debe fundamentarse la necesaria coexistencia entre el lobo y el ganado. Por otra parte, y dado que el lobo está considerado como especie protegida en algunas comunidades autónomas, y como especie cinegética en otras, la Estrategia anteriormente aludida debe coordinar su gestión de la mejor manera posible, convirtiéndose en un documento marco de referencia para todas ellas.

Investigadores y ecologistas deben aunar esfuerzos y trabajar conjuntamente en favor del lobo y de su conservación, evitando estériles enfrentamientos y facilitando toda la información disponible a los organismos e instituciones competentes, que deben arbitrar las medidas necesarias para garantizar la supervivencia de la especie.

Miguel y Blanca con lobos y lobeznos

Los cazadores, por su parte, deben respetar escrupulosamente las "reglas del juego" en aquellos casos en que se autorice legalmente la caza del lobo, y pueden desempeñar una eficaz colaboración con las administraciones cuando se estime conveniente el control de determinadas poblaciones lobunas.

No obstante, y personalmente, estimo que la muerte de un lobo por un cazador sólo debe justificarse en aras de un control (limitado y expresamente autorizado) para evitar daños de consideración en la ganadería de un determinado territorio.

Finalmente, creo que los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la educación ambiental de nuestra sociedad y que las informaciones que difunden pueden influir considerablemente tanto en el público de los mismos como en las personas que tienen en su mano la adopción de medidas de conservación. Considero que el lobo ibérico precisa urgentemente la colaboración de estos medios apoyando las campañas de divulgación iniciadas desde la administración y desde diversas ongs y grupos ecologistas que trabajan desde hace años en la defensa de la especie.

Por mi parte, y modestamente, intento contribuir con este trabajo a desmitificar la falsa imagen del lobo como ser diabólico y como sanguinario devorador de personas, y quisiera reivindicar su importantísimo papel como superpredador en el equilibrio biológico de los ecosistemas naturales. Reclamo desde estas líneas la aceptación y la comprensión que precisa para sobrevivir, y no sólo por parte de la población urbana, sino también, y especialmente, de la población rural que habita en las zonas loberas.

Carlos Sanz - "Natura"

 
 
 
 
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